viernes, 21 de octubre de 2011

El amor

El amor. El amor, ay, el amor. Tan fácil llega y tan fácil se va. Un simple pestañazo y... ¡Pum! Mujeres por doquier. Para la mañana y para la noche, para días hábiles y para el fin de semana. No te das ni cuenta y estás en la ruina tirado en el suelo llorando por aquella negra que se fue con todo tu dinero y se robó tu amor, ese que por cierto dejó tirado por un hombre por más dinero. Quién sabe que se metió con tu mejor amigo. Bueno, como dice la cancioncilla esa de... ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Me engañas mujer, con el mejor de mis amigos que fue como un hermano, y con él te encontré, y a los dos perdoné... "Me engañas mujer" ¿Pero por qué...? Bah, sigamos hablando del amor. Ay el amor. Tanto que me hace falta... Cuando tenga polola voy a tener que pedirle que me enseñe a dar un beso ya que nunca he dado uno. Bueno, sigamos. Hay amores lindos, feos, hermosos, penosos, dolorosos, horrorosos, espantosos, de osos, panzosos, ¡De osos panzosos!, y de muchas cosas más, de lo que te puedas imaginar. De hombres con mujeres, de hombres con enanas, de enanos con mujeres, de enanos, de hombres con perros, de hombres con negras travestis, pero bien. Este tema perdió su seriedad cuando... Eh... Pene. Sí, he dicho pene. ¿Algún problema con ello? ¿Eres homofóbico acaso que no puedo decir pene frente tuyo? ¿O eres gay acaso que te ríes? Sí, eres gay. No te rías, si de seguro que te gusta barnizarlos con caca fresca. Okey, eso fue asqueroso. Pues bien, me tengo que ir a correr la maratón. ¡Já! ¿Pensaste que diría que me iba a correr la paja? No, soy deportista, y no hago esas cosas. Bueno, te dejo, chao. ¡Y pene para todos!

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