viernes, 16 de marzo de 2012

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

Gonzalo Rojas

martes, 13 de marzo de 2012

¿Hay espacio?

Hay algún pequeño espacio para mí dentro de tu tórax, sea corazón, pulmón, hígado (oh wait, eso está más abajo...), o lo que sea, tu tripa, el espacio entre los dedos te tus pies, para un tipo que se traga sus propias palabras una vez ya dichas, y que espera no volver a hacerlo, y si lo hace, que caigan sobre él todas las penas del infierno?

Demasiado

No sé cómo puede haber tanta mina rica en este mundo, y que la mayoría sean súper huecas. Bueno, por lo menos ella no lo es, y está como papo, aunque todos digan que está pasada de peso y sea baja. Y como escribí en algún momento:

"Importa wea si es baja,
igual le doy como caja"

He dicho.

martes, 6 de marzo de 2012

El peor castigo es tener en el alma un enemigo

Es imposible negarlo: me gustas, pero no te amo. Te quiero, pero no te deseo. Siendo tan contradictorio tengo que admitir que en algún momento todo eso fue una afirmación. Pero no podías ser mala, esa no es la definición correcto, fuiste maricona. Sí, así mismo como se lee y escribe, y se deletrea M-A-R-I-C-O-N-A. Sabías lo que pasaba, pero no podías simplemente hacer que te fuera indiferente y decirme "no" a secas. No. Tenías que joderla. Te lloré, te odié, pero aprendí que eso no sirve para crecer. El peor castigo es tener en el alma un enemigo. Te voy a seguir queriendo como siempre, aunque me tengas como segunda prioridad como amigo (qué digo segunda, más bien tercera, cuarta, o incluso sin prioridad), aunque nunca pienses en mí, aunque yo sí lo haga, y aunque esté al lado de un tipo que recién conoces y corras a sus brazos y lo abraces, y a mí sólo un beso en la mejilla y me toques el hombro.

Te esperaré cada vez que pueda , ahí sentado, aunque ni te acuerdes que estoy yo ahí y pases de largo, intentaré ser lo más cordial posible, ayudarte en lo que me pidas, aunque lo hagas una y ninguna vez, e intentaré subirte el ánimo cuando éste te falte, aunque mis palabras sean inútiles.

Porque hay algo que me impide odiarte, y me obliga a quererte.